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LUTO

La vida nos golpea de maneras inesperadas. Encrucijadas que nos obligan a revaluar lo vivido hasta el presente. Incluso el amor (léase “obsesión”) por las palabras. Altos en el camino que nos fuerzan a interrumpir el hilo de artículos de un blog.

Según Ricardo Soca, la palabra “luto” viene del latín luctus, derivado de lugere, llorar. De ahí se derivan otras palabras, como “lúgubre” y “luctuoso”. El luto se refiere, en nuestros días, exclusivamente al dolor y a la expresión del dolor causado por la pérdida de un ser querido, sobre todo tratándose de una pérdida por muerte. En las diversas regiones del mundo, y según el momento histórico, esa congoja puede manifestarse de diversas maneras: la vestimenta de un determinado color, los ritos religiosos, las plañideras (mujeres cuyo oficio era llorar en los funerales), los rezos, las homilías, los novenarios, etc.

La palabra “duelo”, en relación con el tema que nos ocupa hoy, viene del latín dolere (sufrir, penar), y posteriormente dolus (dolor, aflicción).  El duelo se refiere, más que nada, a la pena que experimenta alguien ante la pérdida de un ser amado. Es, esencialmente, un proceso interno que bien puede sufrirse sin que necesariamente haya signos externos como el vestir de luto (negro, por lo general, en nuestra cultura), los ritos, los cánticos, etc.

La columna de Herederos de Cervantes ha estado vacía por un tiempo por razones de luto y de duelo. La partida del único hermano que aún compartía conmigo este plano, y, unas pocas semanas después, la partida de quien fue su compañera y mi cuñada durante varias décadas, llenó mi corazón de desesperanza, y de una orfandad para la que – caí en la cuenta–  nuestra lengua carece de palabra: la oquedad causada por la partida de todos los hermanos con los que vinimos al mundo.

Entré en una caverna lóbrega que ningún espeleólogo podría clasificar ni nombrar. La conciencia de que todos han partido, y de que yo soy la única sobreviviente, ha horadado lugares profundos y desconocidos carentes de definición en el DLE.

 

 

Los lectores sabrán perdonarme y – ¿por qué no? –   elevar una plegaria o un pensamiento luminoso por aquellos que colmaron nuestros días de infancia con recuerdos gratos y otros menos gratos. Los que nacen en un mismo nido, aún a su pesar, comparten una historia común imperecedera. Heredan gustos comunes, como es el caso de la poesía y la literatura, en mi familia. Heredan palabras, tradiciones, formas de interpretar el lenguaje que para siempre marcarán nuestro idiolecto. A los que ahora están atravesando un duelo, les deseo que gocen de la Esperanza de que nuestros seres queridos están en un mundo mejor.

 

¡Gracias!

MINUCIAS

La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.

SABIDURÍA DE SANCHO PANZA

La que es deseosa de ver también tiene deseo de ser vista.

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