GRAMÁTICA: ¿MUSICAL?

 

En la época de mi vida en que pensé muy seriamente en dedicarme al canto lírico, llamaba poderosamente mi atención que los maestros del conservatorio denominaran “gramática musical” a lo que yo conocía hasta ese momento únicamente por el nombre de “solfeo”. Además, era la asignatura más importante del conservatorio, y la que debían tomar todos los alumnos, sin importar qué instrumento hubieran escogido como objetivo de su vida profesional.

La duda me llevó a hablar con mi maestro de técnica vocal, el barítono Gilberto Escobar, quien me explicó que se le llama “gramática” porque es el conjunto de los elementos y reglas necesarios para entender, escribir e interpretar una partitura musical. Ahora bien: en la red encontré recientemente algunas definiciones de “gramática”, todas más o menos de este corte: “Es el estudio de las normas y principios que rigen una lengua”. Es decir: tanto para la música, como para los idiomas, las definiciones son muy similares.

Cuando decimos que un músico toca de oído, lo que queremos expresar es que no conoce la gramática musical. Dicho de otra manera: toca llevado solo por su instinto y por su propio talento, que puede ser mucho o poco. Pero sería inconcebible que los integrantes de una orquesta sinfónica no fueran verdaderos conocedores del lenguaje de la música. Imaginemos por un momento una orquesta en la que cada uno toca por su lado, hace pausas cuando le parece, no sabe cómo expresar una frase, etc. Sonaría como cuando, antes de un concierto, los músicos afinan sus instrumentos.

Indudablemente, para ser un músico eximio, uno de los requisitos es conocer muy bien la gramática musical. Por ello los conservatorios hacen tanto hincapié en su enseñanza. Un estudiante puede tener mucha aptitud natural, pero sin conocer al dedillo la gramática, nunca podrá ser un gran artista.

¿Entonces, por qué no se presta la misma atención a la enseñanza de la gramática de nuestra lengua? Pasan y pasan por nuestros países sistemas y métodos educativos, pasan ministros y ministros de educación, unos mejores que otros, unos mejor intencionados que otros, pero la verdad es que con frecuencia ni siquiera los maestros saben gramática, ni ven la importancia de saberla. Mucho menos de enseñarla.

En numerosas escuelas y facultades de interpretación y traducción no se da a la gramática el lugar que debería ocupar habida cuenta de que es el vehículo de comunicación de todos nosotros. Los profesionales del idioma (traductores, periodistas, etc.) se gradúan sin haberse untado de gramática. Sin ella, todos podemos hablar, escribir y entender de oído, pero ¿cómo estar seguros de que usamos el idioma correctamente? Por eso es necesario darle el mismo énfasis que los músicos dan a su gramática. Sin conocerla, es imposible tocar en la orquesta sinfónica: es decir, escribir con propiedad, expresar lo que quiere decir el autor, y solamente lo que quiere decir el autor; escribir y hablar de manera clara, sin ambigüedades, sin exceso de palabras, sin rimbombancia, sin distorsionar el pensamiento, y con identidad de la lengua; vale decir: sin dejarse llevar por las reglas que rigen el idioma de países económicamente más poderosos que aquellos donde se habla castellano. Creo que mi preocupación, que debe ser la misma de todos nosotros, no puede expresarse mejor que con esta reflexión:

A un sabio chino, en tiempos remotos, le preguntaron una vez sus discípulos qué haría en primer lugar si tuviera el poder de arreglar los asuntos del país. Respondió: “Me cuidaría, desde luego, de que el lenguaje se usara correctamente”. Los discípulos se miraban perplejos. “Este es”, dijeron, “un problema secundario y trivial.  ¿Por qué os parece tan importante?”

Y el Maestro repuso: “Si el lenguaje no se usa correctamente, lo que se dice no es lo que se quiere decir; si lo que se dice no es lo que se quiere decir, lo que debiera hacerse quedaría sin hacerse;  si esto quedara sin hacerse, la moral y el arte se corromperían;  si la moral y el arte se corrompieran, la  justicia se descarriaría;  si la justicia se descarriara, las personas quedarían indefensas y sumidas en gran confusión”.

MINUCIAS

¿Sabías que “querubín” y “querube” tienen el mismo significado?

SABIDURÍA DE SANCHO PANZA

Muchos pocos hacen un mucho.

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